Cuando una rozadora pierde capacidad de avance, empieza a atascarse y a trabajar con más esfuerzo de lo habitual o llega a bloquearse durante el corte, lo peor que podemos hacer es intentar compensarlo aplicando más fuerza. Forzar la máquina no suele solucionar el problema y puede terminar afectando al elemento de corte, al rendimiento de la herramienta e incluso a la calidad de la roza.
En MACROZA sabemos que un atasco puede deberse a diferentes factores: un material más resistente de lo previsto, una fresa o un disco desgastado, una profundidad poco adecuada, una acumulación excesiva de residuos o simplemente una técnica de avance incorrecta. La clave está en detectar qué está frenando la máquina antes de continuar trabajando.
